El costo de la energía para las industrias se dispara este invierno a causa de la guerra en Medio Oriente

El aumento de los precios de los combustibles importados a raíz del impacto de la guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel está golpeando de lleno en el valor de la electricidad para las industrias argentinas. En este escenario, cada vez más empresas analizan inversiones en energía solar para reducir su exposición a los costos de la red.
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Las industrias argentinas se preparan para afrontar un fuerte incremento en sus costos energéticos durante los próximos meses. Según datos del mercado eléctrico, el precio de la energía en el mercado spot superó en mayo los US$ 105 por MWh, prácticamente el doble de los valores registrados en abril, cuando rondaba los US$ 58 por MWh.

El impacto alcanzará principalmente a unos 6.000 grandes usuarios industriales que compran energía en el mercado mayorista y que dependen de la evolución de los costos de generación eléctrica. Vale mencionar que Argentina genera más del 50% de su electricidad en centrales térmicas que utilizan principalmente gas como combustible, y en menor medida gasoil y fueloil.

Este incremento se explica por una combinación de factores. Por un lado, durante el invierno aumenta la necesidad de utilizar combustibles más costosos para abastecer el parque termoeléctrico. Por otro, la tensión geopolítica en Medio Oriente elevó los precios internacionales del petróleo, el gas natural licuado (GNL) y el gasoil, encareciendo la generación de electricidad.

De acuerdo con estimaciones privadas citadas por especialistas del sector, el precio monómico de la energía podría ubicarse entre US$ 130 y US$ 150 por MWh durante junio y julio. Si además se suman los cargos de potencia, el costo final de la energía para algunas industrias podría llegar a ser hasta tres veces superior al observado en abril.

A esto se agrega un factor adicional: muchas empresas recién comenzarán a percibir el impacto de estos aumentos a fines de julio o durante agosto debido al retraso con el que se emiten las facturas eléctricas.

En este contexto, la búsqueda de herramientas para ganar previsibilidad energética vuelve a ocupar un lugar central en la agenda empresarial. Entre las alternativas más analizadas aparece la generación solar distribuida, una tecnología que permite producir parte de la energía consumida directamente en el establecimiento.

A diferencia de la energía adquirida desde la red, cuyo precio depende de variables como el costo de los combustibles, las importaciones de GNL o la evolución de los mercados internacionales, un sistema fotovoltaico permite fijar una porción importante del costo energético durante más de dos décadas. Una vez realizada la inversión inicial, la electricidad generada por los paneles solares no queda expuesta a la volatilidad de los combustibles fósiles.

Por ese motivo, cada vez más industrias incorporan la energía solar no sólo como una herramienta de sustentabilidad, sino también como una estrategia para reducir costos operativos y protegerse frente a escenarios de alta incertidumbre en los mercados energéticos.

La coyuntura actual vuelve a poner sobre la mesa una discusión que ya forma parte de la planificación de muchas empresas: cómo reducir la dependencia de factores externos que pueden modificar drásticamente el costo de la energía. En ese escenario, la generación solar aparece como una de las soluciones con mayor capacidad para aportar previsibilidad y competitividad en el largo plazo.

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