¿Se puede replicar el modelo de “ovejas solares” en Argentina?

El fenómeno de combinar la generación de energía solar con el pastoreo ovino continúa creciendo en el mundo, en Estados Unidos más de 100.000 ovejas son utilizadas para desmalezar parques solares. Argentina es un país históricamente ganadero, aprovechar esa experiencia para optimizar la generación sustentable puede traer muchas ventajas.
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Los parques solares requieren amplias extensiones de tierra y, para funcionar de manera eficiente en zonas fértiles, los paneles deben permanecer libres de malezas y pasto alto. Hasta hace unos años, la tarea de desmalezado se resolvía con maquinaria o herbicidas. Hoy, la presencia de ovejas se ha convertido en una alternativa más ecológica y económica. Mientras los animales se alimentan de los pastizales bajo y alrededor de los paneles solares, contribuyen a mantener despejadas las instalaciones, evitando sombras que disminuyen la producción de electricidad. A la vez, los productores reducen costos de mantenimiento y disminuyen el uso de químicos o combustibles fósiles.

La integración de ganadería y energía solar abre un círculo virtuoso. Los productores ovinos encuentran en los parques solares nuevos espacios de pastoreo, con sombra y resguardo para los animales, especialmente en días de calor extremo. Por su parte, las empresas de energía pueden mejorar su vínculo con las comunidades locales, demostrando que la transición energética no implica necesariamente desplazar actividades tradicionales, sino integrarlas.

En países como Estados Unidos, España y Francia, la práctica conocida como solar grazing ya cuenta con asociaciones específicas que organizan a productores y empresas. En Argentina, comienzan a explorarse experiencias similares, sobre todo en provincias patagónicas donde la cría de ovinos es parte central de la economía regional.

Ganancias compartidas

El modelo no está exento de desafíos: requiere acuerdos claros entre las empresas y los productores, protocolos de seguridad para el manejo de los animales y diseños de parques que contemplen accesos adecuados. Sin embargo, las experiencias demuestran que la convivencia es posible y beneficiosa.

La combinación de pastoreo y energía solar se perfila, entonces, como un ejemplo concreto de transición justa y sostenible: una energía limpia que se produce en armonía con prácticas rurales históricas, generando beneficios ambientales y económicos tanto para el sector energético como para el agropecuario.

En Estados Unidos, la práctica de pastoreo solar ya involucra más de 40 asociaciones de productores. Según la American Solar Grazing Association, unas 100.000 ovejas participan en este tipo de acuerdos, cubriendo más de 100.000 acres de parques solares en estados como Nueva York, California y Texas. En España, proyectos similares se desarrollan en Castilla-La Mancha y Aragón, donde los productores locales obtienen ingresos adicionales y las empresas solares reducen hasta un 30% los costos de mantenimiento.

¿Se puede replicar este modelo en Argentina?

En la Argentina, donde la cría ovina es una actividad histórica, especialmente en la Patagonia, el modelo de “ovejas solares” es totalmente aplicable como una solución que articula producción agropecuaria y generación de energía. Esto se debe a que el país cuenta hoy con un stock estimado de 14 a 15 millones de ovejas, distribuidas en unas 70.000 a 80.000 desarrollos ovinos, con fuerte presencia en Patagonia, pero también en regiones como Cuyo y el norte del país.

En ese marco, provincias como Chubut y Santa Cruz ya muestran interés a través de cooperativas rurales que dialogan con empresas solares, mientras que en Misiones el sector público impulsa la idea de incorporar pastoreo ovino para el mantenimiento sustentable de parques fotovoltaicos. La lógica es clara: las ovejas aprovechan la sombra y el resguardo térmico de los paneles, y los parques reducen costos operativos asociados al control de vegetación.

Desde el punto de vista técnico y económico, las condiciones locales refuerzan la viabilidad del esquema. Regiones como Patagonia, Cuyo y el norte combinan grandes extensiones disponibles, climas secos o semiáridos —donde el control de vegetación es clave— y parques solares con estructuras elevadas que permiten el pastoreo sin interferencias. Un estudio del INTA en Neuquén estimó que, en instalaciones de unas 10 hectáreas, el pastoreo ovino puede sustituir hasta el 80% de las tareas de desmalezado mecánico, con ahorros cercanos al 40 % en combustible y herbicidas, además de reducir el riesgo de incendios y mejorar la conservación del suelo.

El peso económico del sector ovino refuerza el interés por este tipo de sinergias. En 2025, las exportaciones de carne ovina superaron las 4.200 toneladas en los primeros siete meses del año, mostrando una leve pero sostenida recuperación, mientras que la zafra lanera 2024/2025 alcanzó exportaciones del orden de 31.000 toneladas de lana (base sucia), con incrementos superiores al 30 % interanual en volumen. En este contexto, el pastoreo solar no solo aparece como una herramienta de eficiencia para la industria energética, sino también como una oportunidad para revalorizar la producción ovina, diversificar ingresos rurales y fortalecer esquemas productivos alineados con criterios ambientales y ESG.

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