El año 2025 cerró como uno de los más relevantes para la generación distribuida en Argentina, con cifras que muestran un crecimiento sostenido y una expansión territorial significativa de un régimen que busca democratizar y diversificar la matriz energética. Según datos de la Secretaría de Energía, el país cerró el año con 3.771 proyectos instalados que ya funcionan como “usuarios-generadores”, acumulando una potencia total de 119.248 kW conectados a la red eléctrica a través de medidores bidireccionales.
Este volumen implica que cerca de 120 MW de generación distribuida están inyectando energía al sistema nacional: un salto notable si se lo compara con años anteriores, cuando se contaban apenas decenas de megavatios y unos pocos cientos de instalaciones. En 2025, más de 3.700 titulares entre residenciales, comercios, industrias y organismos públicos produjeron electricidad con energía solar distribuida, para su propio consumo e inyección de excedentes.

El avance fue amplio y federal: 345 distribuidoras y cooperativas eléctricas de todo el país están inscriptas en la Plataforma Nacional de Generación Distribuida, integrando la red de distribución en provincias que van desde Córdoba y Buenos Aires hasta San Juan, Misiones y La Pampa. En términos de potencia, Córdoba lideró el ranking con casi 40 MW, seguida por la provincia de Buenos Aires con más de 22 MW, y San Juan con más de 9 MW.
La composición de los usuarios-generadores también refleja la ampliación de perfiles: si bien gran parte de la potencia instalada corresponde a segmentos comerciales e industriales, la participación residencial es creciente, con miles de hogares que adoptaron paneles solares para reducir costos y aprovechar el régimen de compensación de excedentes.

Este crecimiento no se explica únicamente por la cantidad de instalaciones, sino por la consolidación de un marco regulatorio que, a través de la Ley Nacional 27.424, promueve la generación distribuida como política energética de largo plazo. La normativa permite que cada usuario de la red eléctrica pueda instalar sistemas renovables para autoconsumo e inyectar excedentes sin cargos adicionales por conexión o peajes, siempre que cumpla con los requisitos técnicos y de seguridad.
El impacto de estas normas se vio también en las cifras de tramitación: a fines de diciembre de 2025 había 956 trámites en curso, representando más de 42 MW adicionales en proceso de conexión, lo que anticipa que 2026 seguirá mostrando crecimiento.
Desde una perspectiva de política pública y energía renovable, el despliegue de la generación distribuida tiene múltiples virtudes. Además de reducir la demanda de energía centralizada y las pérdidas de transmisión, aporta resiliencia local y empodera a hogares y empresas frente a la volatilidad de los precios eléctricos. En un contexto en el que las energías renovables, incluidas grandes instalaciones solares y eólicas, batieron récords de participación en la generación total del país durante 2025, la generación distribuida se posiciona como un componente estratégico de la transición energética argentina.
Sin embargo, el crecimiento también enfrenta desafíos. Las barreras administrativas, la heterogeneidad de procedimientos provinciales y la capacidad técnica de algunas distribuidoras aún pueden retrasar algunas conexiones. Pese a ello, el balance de 2025 es muy positivo: la generación distribuida dejó de ser un fenómeno marginal y consolidó un escalón real en la producción eléctrica renovable local. Si las tendencias se sostienen, proyectos en trámite y nuevas políticas, como las reglas de generación comunitaria en la provincia de Buenos Aires, podrían profundizar la expansión en 2026 y más allá.
En definitiva, el régimen de generación distribuida cerró el año con un crecimiento que supera los tres mil usuarios generadores y supera los 119 MW instalados, mostrando una adopción más madura del autoconsumo renovable en hogares y empresas. Estos números, aunque modestos frente al objetivo global de 20 % de renovables en el sistema eléctrico nacional, demuestran que la energía solar distribuida tiene cada vez más espacio y relevancia en el mapa energético argentino.