Las energías renovables: el avance científico de 2025, según Science

La prestigiosa revista destacó que por primera vez estas fuentes limpias superaron al carbón en la generación de electricidad a nivel mundial.
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Durante más de un siglo, la electricidad mundial se sostuvo sobre una base dominada por combustibles fósiles, en especial el carbón. Ese equilibrio comenzó a resquebrajarse de manera acelerada en 2025, cuando la combinación de energía solar y eólica superó por primera vez al carbón en la generación eléctrica global.

Este hecho explica la decisión de la revista Science de elegir al crecimiento de las energías renovables como el Avance Científico del Año, un galardón que, en ediciones previas, había distinguido desarrollos como la vacuna contra el COVID-19 o el descubrimiento del bosón de Higgs.

Para Science, lo ocurrido en 2025 no constituyó una mejora incremental, sino un cambio de paradigma. Las fuentes renovables no solo crecieron en términos absolutos, sino que cubrieron la totalidad del aumento de la demanda eléctrica global durante el primer semestre del año. En paralelo, alcanzaron más de un tercio de la matriz de generación eléctrica mundial, con un 34,3 por ciento, y desplazaron al carbón, que quedó en 33,1 por ciento según datos recopilados por el grupo de análisis Ember.

Este salto no respondió a una única causa. La revista subrayó una convergencia de factores científicos, tecnológicos y económicos que permitió que fuentes históricamente consideradas intermitentes ganaran estabilidad y escala. La mejora sostenida en la eficiencia de las células solares junto con el desarrollo de baterías químicas de almacenamiento más robustas y accesibles abrieron una etapa distinta para la integración de renovables en sistemas eléctricos complejos. A esto se sumó una reducción drástica de costos que volvió competitiva a la energía solar y eólica incluso sin subsidios.

Science destacó que la caída de precios “impulsó un auge en la energía solar y eólica que supera con creces el crecimiento de cualquier otra fuente”. Ese fenómeno tuvo efectos concretos en regiones con déficits energéticos históricos. En África y el sur de Asia, por ejemplo, “las importaciones de paneles solares se han disparado, ya que las personas en esas regiones se dieron cuenta de que la energía solar en los tejados puede alimentar luces, teléfonos celulares y ventiladores de manera económica”, según publicó la revista.

El impacto del crecimiento renovable también se reflejó en las emisiones. El análisis de Science señaló una desaceleración en el crecimiento de los gases de efecto invernadero provenientes del sector eléctrico, un dato especialmente relevante si se considera que la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles representó durante décadas una de las principales fuentes de dióxido de carbono. Hannah Ritchie, científica de datos de la Universidad de Oxford, resumió esta tendencia al afirmar que “gracias a las energías renovables, el tan esperado declive de los combustibles fósiles está a la vista”.

Aun así, la publicación aclaró que este punto de inflexión no resuelve el desafío climático. Limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius continúa como una meta difícil de alcanzar, y los avances de 2025 funcionan más como una base sobre la cual acelerar transformaciones profundas que como una solución definitiva.

El efecto China y los desafíos de la transición

Un elemento central en el análisis de Science fue el rol de China como motor de la transición energética. El país asiático concentró una porción decisiva de la producción global de tecnologías limpias y logró reducir los precios internacionales de manera sostenida. Según la revista, “China fabrica el 80% de las células solares, el 70% de las turbinas eólicas y el 70% de las baterías de litio del mundo, a precios que ningún competidor puede igualar”. Esa capacidad industrial permitió un despliegue a una escala y velocidad sin precedentes.

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Las imágenes que acompañaron los informes de Science mostraron paneles solares cubriendo desiertos y mesetas, y turbinas eólicas de hasta 300 metros de altura en costas y zonas montañosas. Ese despliegue tuvo un correlato estadístico contundente: la generación de energía solar en China se multiplicó por más de 20 en la última década. Además, el país se encaminó a cumplir su objetivo de capacidad eólica y solar para 2035 con cinco años de anticipación, según proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía.

El liderazgo chino también influyó en regiones en desarrollo. La reducción de costos permitió que países de ingresos bajos y medios incorporaran rápidamente capacidad renovable sin depender de largos ciclos de financiamiento. En la actualidad, el 58 por ciento de la generación solar se concentra en países de bajos ingresos, una tendencia que modificó el mapa energético global y amplió el acceso a la electricidad en comunidades históricamente excluidas.

Casos como el de Pakistán ilustran esta dinámica. En 2024, el país importó paneles solares con capacidad para generar 17 gigavatios, el doble que el año anterior y cerca de un tercio de toda su capacidad eléctrica instalada. Ese avance redujo la dependencia de combustibles importados y aceleró la electrificación de millones de personas. En África, países como Sudáfrica, Argelia y Botswana siguieron una senda similar, impulsados por la caída del costo de la energía solar fotovoltaica, que descendió un 99,9 por ciento desde 1975.

La expansión renovable también fortaleció la soberanía energética. Al aprovechar recursos locales como el sol y el viento, muchos países disminuyeron su exposición a la volatilidad de los mercados internacionales de carbón, petróleo y gas. Esa independencia energética adquirió un peso estratégico en un contexto de tensiones geopolíticas y fluctuaciones en los precios de la energía.

En América Latina y el Caribe, los datos reforzaron esta tendencia. Según Zero Carbon Analytics, el 17 por ciento de la electricidad regional provino en 2024 de energía eólica y solar, por encima del promedio mundial del 15 por ciento. La región también superó la media global en bioenergía y, gracias a su alta proporción de energía hidroeléctrica, sólo resultó responsable del 5 por ciento de las emisiones acumuladas relacionadas con la energía. A corto plazo, 16 países se comprometieron a generar al menos el 80 por ciento de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030, en el marco de la iniciativa RELAC.

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Los obstáculos a superar

Pese a estos avances, Science identificó obstáculos relevantes. La adaptación de las redes eléctricas no avanzó al mismo ritmo que la instalación de nuevas plantas solares y eólicas. En países con una infraestructura históricamente dependiente del carbón, la falta de líneas de transmisión, los trámites administrativos lentos y las regulaciones poco ágiles limitaron el aprovechamiento pleno de la capacidad instalada. En Estados Unidos, además, la resistencia política y las barreras comerciales a los paneles solares chinos frenaron parte del despliegue, mientras el consumo de carbón mostró repuntes tras años de descenso.

La revista también advirtió sobre los impactos ambientales asociados a la rápida expansión industrial, en particular en China, y señaló que la transición no implicó un abandono inmediato del carbón. Kelly Sims Gallagher, experta en energía y clima de la Universidad de Tufts, expresó en Science su preocupación por la persistencia de la fabricación de carbón en el país asiático, incluso en un contexto de liderazgo renovable.

Aun con estas tensiones, el balance general de 2025 resultó claro para la comunidad científica. Según Euronews Green, el análisis de Ember permitió concluir que este año marcó “el inicio de un cambio en el que la energía limpia mantiene el ritmo del crecimiento de la demanda”. Las renovables cubrieron el 100 por ciento del aumento de la demanda eléctrica global, un logro que décadas atrás parecía inalcanzable.

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Las proyecciones refuerzan esa lectura. La Agencia Internacional de la Energía estimó que la electricidad de origen renovable alcanzará el 37 por ciento de la generación mundial en 2026, consolidando el desplazamiento del carbón. Para Science, el avance registrado en 2025 confirmó una transformación estructural de la economía internacional, con implicaciones profundas para el clima, la industria y el acceso universal a la energía.

El reconocimiento como Avance Científico del Año no celebró un descubrimiento puntual, sino la maduración de un proceso colectivo que combinó ciencia, tecnología y decisiones políticas. La revista concluyó que el desafío hacia adelante pasa por sostener la inversión, fortalecer la cooperación internacional y resolver los cuellos de botella regulatorios que todavía retrasan la transición en algunos mercados. El rumbo quedó trazado en 2025, el año en que la energía limpia dejó de ser una promesa y comenzó a definir el sistema eléctrico global.

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