¿Una central eléctrica en el espacio para dar luz a la Tierra?

China avanza con un plan estructurado para construir la primera central solar en el espacio a gran escala, un paso que podría modificar la forma en que el planeta produce y distribuye energía
COMPARTIR

Durante décadas, la idea de recolectar energía solar en el espacio y enviarla a la Tierra figuró entre los grandes proyectos inconclusos de la era espacial. Ingenieros, agencias y visionarios la analizaron en estudios preliminares, pero los costos, la complejidad técnica y la falta de cohetes adecuados la relegaron al terreno de la teoría. 

Hoy, esa percepción cambió de forma drástica. China, convertida hoy en una superpotencia espacial, avanza con un plan estructurado para construir la primera central solar en el espacio a gran escala, un paso que podría modificar de raíz la forma en que el planeta produce y distribuye energía.

El proyecto chino no se limita a un experimento aislado. Se trata de una estrategia de largo plazo que combina innovación energética, desarrollo aeroespacial y posicionamiento geopolítico. El objetivo central consiste en captar energía solar de manera permanente desde el espacio, sin interrupciones por la noche, las nubes o las estaciones del año, y transmitirla de forma inalámbrica hacia estaciones receptoras en la superficie terrestre. De concretarse, el impacto superaría el ámbito científico y alcanzaría al sistema energético global.

La novedad radica en el grado de avance y en la escala planteada. A diferencia de propuestas anteriores, China definió plazos, capacidades y vehículos de lanzamiento. En los próximos años se realizarán pruebas en órbitas bajas y, hacia la próxima década, se prevé el despliegue de una estación solar en órbita geoestacionaria, a unos 36.000 kilómetros de altitud. Desde allí, los paneles recibirán radiación solar constante y la transformarán en microondas o rayos láser de alta potencia, que viajarán hasta la Tierra para reconvertirse en electricidad utilizable.

La elección de la órbita geoestacionaria no fue casual. En esa posición, los satélites permanecen fijos respecto de un punto de la superficie terrestre, lo que facilita una transmisión continua y estable de energía. A esa distancia, la luz solar incide sin las pérdidas que impone la atmósfera y con una intensidad muy superior a la disponible en tierra firme. Esa ventaja explica por qué los paneles espaciales podrían alcanzar niveles de eficiencia imposibles para las instalaciones tradicionales.

El plan chino contempla varias etapas. En una fase inicial, prevista para los próximos años, se realizarán ensayos de generación y transmisión energética en órbitas bajas. Esas pruebas permitirán validar sistemas de conversión, alineación y recepción. Si los resultados acompañan, el siguiente paso será el despliegue de una estación experimental en órbita geoestacionaria hacia 2030 con la instalación de paneles solares en el espacio, con una capacidad cercana al megavatio.

A largo plazo, la ambición crece de forma exponencial. Las autoridades científicas chinas proyectan centrales capaces de generar gigavatios de potencia, una escala comparable a la de una planta nuclear moderna. En ese contexto, el diseñador jefe de los cohetes Long March y miembro de la Academia China de Ingeniería, Long Lehao, sintetizó el alcance del proyecto con una frase contundente: “La energía recogida en un año equivaldría a la cantidad total de petróleo que puede extraerse de la Tierra”. La afirmación, reproducida sin alteraciones, ilustra el potencial transformador de la iniciativa.

El propio Long reforzó la comparación con una de las mayores obras de infraestructura del país. “Es tan significativo como trasladar la presa de las Tres Gargantas [planta hidroeléctrica situada en el curso del río Yangtsé en China] a una órbita geoestacionaria a 36.000 km sobre la Tierra”, señaló durante una conferencia. La analogía no apunta solo al tamaño, sino al impacto sistémico. La presa de las Tres Gargantas marcó un antes y un después en la producción hidroeléctrica. Una central solar espacial podría hacer lo mismo con la energía renovable.

Para sostener ese despliegue, China desarrolla el cohete Long March 9, también conocido como CZ-9. Este lanzador pesado fue diseñado para transportar cargas de al menos 150 toneladas a órbita baja y jugará un papel central en el ensamblaje de las estaciones solares. El armado en el espacio representa uno de los mayores desafíos del proyecto, ya que implica coordinar múltiples lanzamientos, robótica avanzada y estructuras de dimensiones inéditas.

Los documentos técnicos difundidos en los últimos años detallan escenarios concretos. Una estación experimental de un megavatio requeriría decenas de lanzamientos del CZ-9. Las versiones operativas de gigavatios, previstas hacia mediados de siglo, alcanzarían masas de miles de toneladas y longitudes de varios kilómetros. Aunque los diseños finales todavía no se definieron, los planes dejaron claro que la energía solar espacial dejó de ser una idea abstracta.

Del escepticismo a la carrera energética orbital

El giro en la percepción internacional fue notable. Cuando, hace una década, institutos y organizaciones chinas comenzaron a estudiar la viabilidad de la energía solar espacial, muchos especialistas reaccionaron con escepticismo. Los satélites solares figuraban en la lista de proyectos analizados por la NASA en los años 70, durante la crisis del petróleo, pero los estudios de la época concluyeron que los costos resultaban prohibitivos. Durante años, los SPS quedaron archivados como una promesa prematura.

La situación cambió con el avance tecnológico y la reducción de los costos de lanzamiento. En este siglo, agencias como la NASA y la japonesa JAXA retomaron estudios conceptuales, pero fue China la que dio el salto hacia un programa integral. En 2021 comenzó la construcción de una estación experimental terrestre para probar sistemas de energía solar espacial y, en 2023, investigadores presentaron resultados alentadores del primer sistema completo de verificación en tierra.

Este progreso obligó a revisar viejas certezas. La transmisión inalámbrica de energía, uno de los principales obstáculos, todavía enfrenta limitaciones. Experimentos recientes lograron transferencias a escala de milivatios, muy lejos de los niveles necesarios para una red eléctrica. Sin embargo, el enfoque chino apuesta a una mejora gradual y acumulativa, respaldada por inversiones sostenidas y objetivos a largo plazo.

El impacto del proyecto trasciende lo energético. Desde el punto de vista espacial, la construcción de grandes infraestructuras orbitales exige avances en robótica, control remoto y mantenimiento en entornos extremos. Esas capacidades resultan clave no solo para centrales solares, sino también para futuras bases lunares o misiones interplanetarias. En ese sentido, la energía solar espacial funciona como catalizador de un ecosistema tecnológico más amplio.

A nivel geopolítico, la iniciativa redefine la carrera espacial. La competencia ya no gira solo en torno a la exploración científica o a la presencia militar, sino al control de nuevas fuentes de energía. Al posicionarse en la vanguardia de este campo, China establece un nuevo estándar y presiona a otras potencias a acelerar sus propios desarrollos. Estados Unidos, Europa y Japón analizan alternativas, mientras empresas privadas comienzan a explorar proyectos más modestos.

El trasfondo ambiental también resulta central. En un mundo que busca reducir emisiones y diversificar su matriz energética, la posibilidad de contar con una fuente limpia, constante e inagotable adquiere un valor estratégico. China alineó este proyecto con sus objetivos de neutralidad de carbono para 2060 y lo presentó como una pieza clave de su transición energética.

Lo que durante años pareció una utopía tecnológica hoy avanza con cronogramas, prototipos y cohetes en desarrollo. La energía solar espacial ya no ocupa un cajón polvoriento de la historia aeroespacial. Se convirtió en un campo activo de innovación, con China como principal impulsor. Si los planes se cumplen, el Sol no solo iluminará la Tierra desde el cielo, sino que también la abastecerá de energía desde el espacio, contribuyendo al proceso de transición energética.

Últimas noticias de energía solar

¿Querés que te ayudemos con tu proyecto de energía solar?

Siguiente
Anterior
Siguiente
Anterior
Siguiente
Anterior