El costo de la electricidad que enfrentan los hogares argentinos presenta diferencias significativas según la provincia y el perfil de consumo. Un relevamiento realizado por Sunrise Energía Solar sobre 5.000 consultas recibidas durante los meses de invierno permite poner números a esa disparidad y observar qué ocurre entre los usuarios que actualmente evalúan generar su propia energía.
Entre las jurisdicciones analizadas, Formosa aparece con uno de los valores más elevados, con facturas que se ubican en torno a los $360.000, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el valor central alcanza aproximadamente los $260.000. Le siguen Chaco, con $238.889; Tucumán, con $232.500; Córdoba, con $223.333; Buenos Aires, con $199.130; y Santa Fe y Misiones, ambas alrededor de los $195.000.
Estos datos muestran como las diferencias regionales son importantes, «cuando empezamos a mirar los datos acumulados de las consultas, nos encontramos con algo que vemos todos los días en el trabajo pero que resulta mucho más evidente cuando lo ponemos en números: el costo de la electricidad cambia muchísimo según la provincia y el perfil de consumo», explica Marcos Feroce, socio fundador de Sunrise Energía Solar.
Buenos Aires concentra la mayor cantidad de consultas
La provincia de Buenos Aires concentra la mayor cantidad de registros del relevamiento y permite observar una amplia diversidad de situaciones.
Entre los usuarios bonaerenses analizados, el valor central de las facturas se ubicó alrededor de los $199.130 mensuales, con promedios de hasta $600.000 en el 30% de los hogares que más gastan.
El dato resulta especialmente relevante porque Buenos Aires reúne una enorme diversidad de hogares y patrones de consumo, desde viviendas con consumos relativamente moderados hasta usuarios con facturas considerablemente más elevadas.
Para Feroce, esta diferencia es precisamente uno de los motivos por los que no existe una instalación solar que pueda considerarse «estándar».
«Dos familias que viven en la misma provincia pueden tener facturas completamente diferentes. La cantidad de personas, los hábitos de consumo, los equipos eléctricos y las características de cada vivienda hacen que cada proyecto tenga que analizarse individualmente.»

Diferencias importantes entre provincias
La comparación de los registros muestra que el costo energético no es homogéneo a lo largo del territorio argentino.
Entre las provincias con mayor cantidad de consultas, el valor central de las facturas se ubicó en $238.889 en Chaco, $223.333 en Córdoba, $195.000 en Santa Fe y $232.500 en Tucumán.
En la Ciudad de Buenos Aires, el valor central fue de aproximadamente $260.000, mientras que en Misiones se ubicó en torno a los $195.000.
Formosa aparece con un valor central cercano a los $360.000, uno de los registros más elevados entre las jurisdicciones analizadas.
La comparación no busca establecer cuánto paga «el hogar promedio» de cada provincia, ya que la muestra corresponde específicamente a personas que utilizaron la calculadora de energía solar. Lo que permite observar es que entre los usuarios que actualmente están evaluando soluciones solares existen diferencias muy marcadas según la región.

El invierno también modifica el consumo
Los registros fueron obtenidos durante los meses de invierno, una época en la que el consumo energético residencial puede verse fuertemente condicionado por las necesidades de calefacción y las características climáticas de cada región.
Esto agrega una variable interesante a la fotografía obtenida por Sunrise Energía Solar.
Las necesidades energéticas de una vivienda no son iguales en Formosa que en Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Tampoco lo son las tecnologías utilizadas para climatizar cada hogar ni los horarios en los que se concentra el consumo.
Por eso, comparar únicamente el monto final de las facturas puede resultar insuficiente.
«El invierno permite ver muy claramente que no existe un único patrón de consumo en Argentina. Cada región tiene sus particularidades y eso también tiene que contemplarse cuando se analiza una instalación solar», explica Feroce.
Formosa, un caso particular
Formosa aparece como uno de los casos más llamativos dentro del relevamiento, con un valor central cercano a $360.000 mensuales.
La provincia tiene además una importancia particular para Sunrise Energía Solar, que cuenta con operación en la región y desarrolla proyectos para hogares, empresas y campos.
Para Feroce, los datos ayudan a entender por qué el análisis energético tiene que hacerse de manera local.
«Cuando trabajamos en Formosa encontramos una realidad energética diferente a la de Buenos Aires. Hay que entender el consumo, las características de las viviendas y las condiciones de generación de cada lugar antes de definir qué solución tiene sentido.»
La misma lógica se aplica al resto del país: una factura determinada no necesariamente implica que dos hogares necesiten la misma instalación.
Una factura alta no alcanza para dimensionar un sistema solar
Uno de los errores más frecuentes al analizar la energía solar es mirar únicamente cuánto dinero se paga cada mes.
El monto de la factura es importante, pero no cuenta toda la historia.
Para dimensionar correctamente una instalación también es necesario conocer cuánto consume el hogar, en qué momentos utiliza la electricidad y qué porcentaje de ese consumo puede ser cubierto mediante generación fotovoltaica.
Un hogar con una factura de $200.000 puede tener una situación completamente diferente a otro que paga exactamente lo mismo, pero concentra su consumo en horarios distintos.
«Nosotros no queremos determinar la cantidad de paneles solares solamente a partir del monto de una factura. Primero tenemos que entender qué está pagando el usuario, cómo consume y qué parte de esa energía podemos reemplazar por generación propia», explica Feroce.

De los datos a una decisión de inversión
Esta es precisamente una de las preguntas que busca responder la calculadora de energía solar desarrollada por Sunrise.
A partir de los datos del consumo de cada usuario, la herramienta permite realizar una primera estimación sobre la inversión necesaria y el potencial de ahorro de un proyecto.
La idea es trasladar la conversación desde una pregunta genérica —»¿cuánto cuestan los paneles?»— hacia una mucho más concreta:
¿Cuánto podría ahorrar este hogar generando su propia energía?
Según Feroce, ese cambio de perspectiva es fundamental.
«Cuando una persona pone su propia factura en la calculadora y empieza a ver los números de su caso, deja de hablar de energía solar como algo abstracto. Empieza a analizarlo como una inversión.»
Un mercado que empieza a generar sus propios datos
Para Sunrise Energía Solar, el relevamiento tiene además otro valor: permite conocer de primera mano qué está ocurriendo entre los consumidores que actualmente evalúan incorporar generación solar.
Los 5000 registros abarcan usuarios de numerosas provincias, aunque Buenos Aires concentra la mayor cantidad de consultas.
La información permite identificar diferencias regionales y, al mismo tiempo, entender mejor qué tipo de consumidores están buscando alternativas frente al costo de la electricidad.
El objetivo es continuar acumulando información para observar cómo evolucionan las consultas y los patrones de consumo en las distintas regiones del país.
«Estos datos nos permiten entender mejor a nuestros clientes, pero también muestran algo más grande: Argentina no tiene un único escenario energético residencial. Cada región tiene sus particularidades y la solución solar tiene que adaptarse a ellas», sostiene Feroce.
Una misma tecnología, distintas realidades
Los resultados del relevamiento muestran que hablar de energía solar en Argentina requiere necesariamente mirar las particularidades de cada región.
Las diferencias en las facturas, los hábitos de consumo, las condiciones climáticas y las características de cada vivienda hacen que la conveniencia económica de una instalación no pueda determinarse con una única regla.
Y justamente ahí aparece uno de los principales desafíos para quienes evalúan generar su propia electricidad: entender primero su situación energética y después dimensionar la solución.
«La pregunta ya no debería ser solamente cuánto pago de luz hoy. También hay que preguntarse cuánto voy a pagar durante los próximos diez, quince o veinte años si sigo dependiendo exclusivamente de la red», concluye Feroce.