El crecimiento de la energía solar está empezando a transformar también otro segmento del mercado energético: el almacenamiento. Después de años en los que la expansión renovable estuvo concentrada principalmente en instalar cada vez más capacidad de generación, las baterías comienzan a ocupar un lugar central para resolver uno de los principales desafíos de las fuentes variables: disponer de la energía en el momento en que realmente se necesita.
La tendencia ya se refleja en los números. Durante 2025 se instalaron alrededor de 108 GW de nueva capacidad de almacenamiento con baterías en el mundo, un 40% más que el año anterior. La capacidad instalada global es actualmente once veces superior a la registrada en 2021 y cerca del 80% de las nuevas incorporaciones corresponde a sistemas de gran escala conectados a las redes eléctricas.
El fenómeno está directamente relacionado con el avance de las energías renovables. La generación solar se concentra durante las horas de mayor irradiación, pero la demanda eléctrica no necesariamente acompaña esa curva. Las baterías permiten guardar parte de esa producción y desplazarla hacia otros momentos del día, además de responder rápidamente ante cambios en la demanda y prestar distintos servicios de estabilización a la red.
Una tecnología cada vez más barata
El cambio más importante de los últimos años fue económico. Según IRENA, el costo instalado de los sistemas de almacenamiento con baterías a escala de red cayó 93% entre 2010 y 2024, desde aproximadamente USD 2.571 por kWh hasta USD 192 por kWh.
La reducción estuvo acompañada por una evolución tecnológica y productiva. Las baterías de ion-litio continúan dominando el mercado y, dentro de ellas, la química LFP (litio-ferrofosfato) representa actualmente alrededor del 90% de los nuevos sistemas de almacenamiento estacionario instalados. Su menor costo, vida útil y capacidad para soportar ciclos frecuentes la hicieron especialmente competitiva para aplicaciones energéticas, según aclara la Agencia Internacional de Energía (IEA).
Esta evolución está cambiando incluso la economía de los proyectos renovables. IRENA estima que, en regiones con buenos recursos, las configuraciones que combinan energía solar y almacenamiento pueden alcanzar costos de electricidad firme de entre USD 54 y USD 82 por MWh, lo que comienza a ponerlas en competencia directa con nuevas centrales convencionales.

Una oportunidad también para la energía solar
Para el sector fotovoltaico, el almacenamiento implica además un cambio de concepto. Un sistema solar deja de ser únicamente una instalación que produce electricidad cuando existe radiación y puede convertirse en una plataforma capaz de administrar cuándo consumir, almacenar o entregar esa energía.
En una vivienda, por ejemplo, una batería permite acumular durante el día parte de la electricidad producida por los paneles para utilizarla durante la noche. En comercios e industrias puede servir para reducir picos de demanda, aumentar el autoconsumo o contar con respaldo frente a interrupciones del suministro.
A mayor escala, las posibilidades son todavía mayores. Los sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems) pueden absorber excedentes de generación, entregar potencia rápidamente cuando aumenta la demanda y brindar servicios de regulación y reserva al sistema eléctrico.
El almacenamiento no reemplaza a las redes eléctricas ni elimina la necesidad de ampliar la infraestructura de transporte y distribución, pero puede convertirse en una herramienta complementaria para utilizarla de manera más eficiente y sumar renovables sin trasladar toda la flexibilidad necesaria hacia centrales térmicas.
Argentina empieza a entrar en el mercado
Hasta hace poco, el almacenamiento eléctrico argentino estaba concentrado principalmente en instalaciones aisladas, sistemas residenciales, telecomunicaciones o proyectos comerciales e industriales relativamente pequeños y sistemas de almacenamiento portátil. Ese escenario comenzó a cambiar.
El primer gran paso fue AlmaGBA, una convocatoria originalmente diseñada para incorporar 500 MW de almacenamiento en nodos críticos del área metropolitana. Finalmente fueron adjudicados 713 MW, con inversiones estimadas por encima de los USD 540 millones. Los proyectos actualmente se encuentran en proceso de ejecución.
A esa iniciativa se sumó recientemente Alma SADI, mediante la cual el Gobierno adjudicó otros 700 MW de almacenamiento, distribuidos entre Buenos Aires, NOA, NEA, Litoral y la región pampeana.
Entre ambos procesos, Argentina ya tiene más de 1.400 MW de proyectos de almacenamiento adjudicados, una escala que empieza a transformar a las baterías en un nuevo segmento del mercado eléctrico nacional.

El potencial, sin embargo, no termina en los grandes sistemas conectados al SADI.
Argentina cuenta con uno de los mejores recursos solares del mundo en buena parte del NOA y Cuyo, mientras la generación distribuida continúa incorporando usuarios residenciales, comerciales e industriales. En ese contexto, la combinación de paneles solares y baterías puede ampliar significativamente las posibilidades de autoconsumo.
Para una pyme, un establecimiento productivo o una vivienda, almacenar energía permite aprovechar una proporción mayor de la electricidad generada por los paneles. Para proyectos de mayor escala, puede ayudar a desplazar generación hacia horarios de mayor demanda y entregar una producción más estable.
La expansión dependerá todavía de factores económicos y regulatorios. El precio local de los equipos, las condiciones de financiamiento, la remuneración de los servicios que pueden prestar las baterías y las reglas para su participación en el mercado eléctrico serán determinantes para definir la velocidad del crecimiento.
Pero la tendencia internacional parece clara. Las baterías fueron la tecnología del sector eléctrico que más creció en el mundo durante 2025, incluso por encima de las mayores incorporaciones históricas anuales de centrales a gas.
Después de una década marcada por la caída del precio de los paneles y la expansión masiva de la energía fotovoltaica, el próximo salto puede estar en otro componente del sistema. La pregunta ya no pasa solamente por cuánto cuesta generar un kilovatio hora solar, sino por cuánto vale poder decidir cuándo utilizarlo.