¿La expansión de las energías renovables puede convivir con la producción de alimentos en una misma superficie? Un campo de Hadley en Massachusetts, EEUU, parece dar una respuesta positiva a esa pregunta.
Allí, las plantas de maíz crecieron bajo una estructura solar elevada y conservaron cerca del 80 % del rendimiento que lograron los lotes convencionales expuestos al sol. El resultado aporta datos concretos a un debate que atraviesa a muchas zonas rurales. Este caso demuestra como la energía solar y la producción de alimentos es compatible. Además, de maíz estos «farmers» pusieron paneles solares sobre otros cultivos.
La experiencia registrada ocupa 0,89 hectáreas dentro de la granja de Joe Czajkowski, un productor de tercera generación. Sobre esa parcela funcionan 832 paneles solares, con una potencia de 535 W cada uno, que suman una capacidad de 445 kilovatios de corriente continua. La instalación genera electricidad suficiente para abastecer, según los cálculos del proyecto, a unas 30 viviendas.
El ensayo no eliminó el maíz como actividad principal del predio. Las hileras del cultivo siguieron su ciclo debajo de los paneles y las mazorcas mantuvieron una calidad comparable con la de los campos vecinos. La reducción de volumen existió, pero no anuló el valor comercial de la cosecha. Ese equilibrio entre una merma agrícola y una segunda fuente de ingresos constituye el núcleo de la propuesta agrivoltaica.
“Nos ha funcionado muy bien. No debería ser necesario esforzarse mucho para convencer a la gente de que es algo bueno”, explicó Czajkowski sobre la energía agrivoltaica. El diseño de la planta solar explica buena parte del resultado. Los módulos se elevaron a unos 3 metros del suelo, una altura que permitió el ingreso de tractores y otros equipos usados durante la siembra, el cuidado del cultivo y la cosecha. Las filas quedaron separadas por unos 8 metros, una distancia que preservó corredores de trabajo dentro del lote.
La empresa Hyperion Systems, con sede en Belchertown, desarrolló la estructura junto con el productor. El sistema cuenta con 28 motores que orientan los paneles a lo largo del día para seguir la posición del sol. Esa tecnología busca aumentar la captación de radiación sin convertir el terreno en un espacio inaccesible para las tareas rurales.
El dato más relevante del ensayo no reside solo en la electricidad producida, sino en el comportamiento del maíz bajo una sombra parcial. El cultivo necesita radiación solar para completar su desarrollo, pero la disposición de los módulos evitó una cobertura continua. Las plantas recibieron luz directa durante parte de la jornada y atravesaron el resto del día bajo condiciones diferentes a las de un campo abierto.

La producción alcanzó cerca de cuatro quintos del volumen habitual, una cifra que dejó al sistema lejos de una sustitución total de la agricultura por energía. Aun así, mostró que una hectárea puede sostener dos funciones económicas: aportar alimentos y producir electricidad. Esa combinación modifica la comparación habitual entre paneles solares y tierras cultivables, que muchas veces se presenta como una disputa excluyente.
“Que crezca maíz dulce bajo estas condiciones supera con creces mis expectativas más optimistas”, precisó Jake Marley, propietario de Hyperion Systems. La cosecha incluyó maíz dulce, un producto que exige criterios comerciales exigentes por su aspecto, tamaño y calidad. Para los responsables del proyecto, que las mazorcas conservaran estándares similares a los cultivos de referencia reforzó el interés del experimento.
La parcela ya alojó brócoli, lechuga y cilantro durante los primeros años de funcionamiento. Czajkowski ahora evalúa sembrar espárragos, el cultivo más asociado con Hadley. Su hipótesis parte de que la protección parcial frente al sol podría favorecer a esa especie. “Los espárragos Hadley tienen un toque de distinción”, dijo el agricultor.
La respuesta de cada planta a un sistema de este tipo depende de su necesidad de luz, del clima local, de la altura de los módulos y de la distribución de las sombras. Por eso, los resultados del maíz no equivalen a una receta aplicable a todos los cultivos ni a cualquier región. La agrivoltaica exige adaptar la estructura, la elección de especies y el manejo del lote a condiciones específicas.
Dwayne Breger, director de Extensión de Energía Limpia de la Universidad de Massachusetts, analizó los efectos de estos sistemas sobre la tierra y señaló que los paneles pueden formar un microclima. La sombra altera la temperatura del suelo y del aire cercano, además de modificar la exposición al viento y la pérdida de agua. Esos cambios obligan a los agricultores a reconsiderar calendarios, métodos de cosecha y variedades.

La electricidad puede mejorar los márgenes de una granja con ingresos ajustados
El ensayo adquirió importancia en un contexto de presión económica para las explotaciones agrícolas. Muchos productores enfrentan costos elevados de energía, insumos, transporte y mano de obra, mientras los precios de los cultivos no siempre cubren esos gastos con márgenes amplios. Para una granja, sumar ingresos vinculados a la generación eléctrica puede representar una herramienta de estabilidad financiera.
Czajkowski instaló antes paneles solares en el techo de su planta de envasado de zanahorias. Ese ahorro le permitió aprovechar durante todo el año una instalación que antes operaba apenas seis meses. Más tarde trasladó la idea al campo, mediante un acuerdo de arrendamiento con Hyperion Systems. El agricultor conserva la actividad productiva y recibe pagos por el uso energético del predio.
“Recibimos el alquiler, que, como saben, es considerable por acre. En un campo de maíz, con suerte se obtienen 750 dólares brutos por acre, quizás 1000 como máximo, y con la electricidad se pueden obtener entre ocho y diez veces esa cantidad. Así que es maravilloso”, sostuvo Czajkowski
La diferencia entre la renta de un lote agrícola y la de una instalación solar explica el interés de productores que buscan evitar la venta de sus campos. El emprendedor considera que la alternativa no se limita a importar electricidad desde lugares distantes. También incluye preservar tierras de uso rural frente al avance inmobiliario, una preocupación frecuente en áreas con alto valor de suelo como Massachusetts.
El beneficio económico tampoco elimina los obstáculos. La infraestructura solar requiere una inversión inicial alta y depende de factores como la disponibilidad de redes de transmisión cercanas, la autorización de los organismos estatales y el acceso a incentivos. Los proyectos deben cumplir regulaciones del Departamento de Recursos Agrícolas de Massachusetts, que supervisa el uso de tierras destinadas a la producción.
El programa estatal Solar Massachusetts Renewable Target, conocido como SMART, ofrece pagos mensuales por la electricidad de instalaciones solares y contempla estímulos adicionales para proyectos agrivoltaicos. Estos mecanismos mejoran la ecuación financiera, aunque el escenario federal introduce incertidumbre. Los agricultores que estudian nuevas instalaciones buscan aprovechar el Crédito Fiscal Federal para Inversiones antes de los cambios previstos en su esquema de reducción.
La situación alcanza a productores con altos consumos eléctricos. Sidney Chang, de Chang Farms, informó que su establecimiento gasta entre USD 15.000 y USD 18.000 mensuales para sostener las instalaciones interiores donde cultiva brotes de soja durante todo el año. Un proyecto de tamaño similar al de Hadley podría cubrir la demanda energética de su planta actual.
“Esto nos hará más competitivos, y producir tu propia energía en tu propia tierra es una gran idea”, dijo Chang. Su futura instalación se ubicará en Whately, a unos 300 metros de la carretera, sobre tierras arrendadas a otros agricultores que prevén cultivar fresas y espárragos bajo los paneles.
La camioneta eléctrica de Czajkowski resume otra posibilidad del modelo. El vehículo utiliza energía producida en el propio campo y transporta productos hacia la Universidad de Massachusetts y su servicio de comedor. La electricidad solar entra así en distintos tramos de la cadena agrícola: sostiene parte de las operaciones, alimenta un medio de transporte y acompaña la comercialización de la cosecha.
El ensayo de Hadley no resuelve por sí solo la tensión entre la producción de alimentos, los costos rurales y la transición energética. Sin embargo, sus resultados entregan una referencia medible: un cultivo de maíz conservó el 80 % de su rendimiento bajo una instalación que también generó 445 kilovatios de electricidad. Con nuevos proyectos en evaluación, Massachusetts suma experiencias para definir qué cultivos, diseños y condiciones económicas permiten que ambas actividades compartan el mismo suelo.