La planta de carbonato de litio que la compañía surcoreana Posco construye en el Salar del Hombre Muerto, en el límite entre Salta y Catamarca, tendrá una inversión de 208 millones de dólares y una capacidad de 23.000 toneladas anuales. Así, la empresa da un paso decisivo para consolidar la única cadena completamente integrada de litio del país, en momentos en que el sector se posiciona como motor de exportaciones y crecimiento para la Argentina.
Según el Ministerio de Economía, “este proyecto implica una inversión total de 208 millones de dólares para producir 23.000 toneladas anuales de carbonato de litio, lo que equivale a exportaciones de más de 300 millones de dólares por año”. La adhesión al RIGI otorga acceso a beneficios impositivos, exención de derechos de exportación, estabilidad fiscal de 30 años y acceso al arbitraje internacional, lo que busca estimular la radicación de inversiones a largo plazo en el rubro minero y energético.

El proyecto Sal de Oro permite a la compañía completar una arquitectura vertical inédita en el país: extracción directa de litio (DLE) sobre la salmuera del Hombre Muerto a 4000 metros de altura, producción de hidróxido en la planta de General Güemes (25.000 toneladas anuales, operativa desde 2024) y ahora carbonato en la nueva planta admitida al RIGI. La operación combinada apunta a cerca de 50.000 toneladas anuales desde 2026, lo que ubica a la empresa entre los productores de escala media a nivel global.
El carbonato de litio producido alimentará la fabricación de cátodos de fosfato de hierro y litio (LFP) para sistemas de almacenamiento de energía (ESS), un segmento que, según la Agencia Internacional de Energía (IEA), concentra cerca del 80% del mercado global de almacenamiento.
Posco Future M, el brazo de materiales de batería del grupo, firmó un acuerdo con la china CNGR y su filial FINO para producir cátodos LFP destinados a este mercado, con primeras entregas previstas para la segunda mitad de 2026 y producción industrial hacia 2027.
La elección del carbonato, frente al hidróxido, responde a la estrategia de diversificación y a la demanda de nuevos mercados. Mientras el hidróxido se utiliza en cátodos de alto níquel para vehículos eléctricos de gama alta, el carbonato se convirtió en el insumo clave de la química LFP, dominante en el almacenamiento estacionario y el consumo eléctrico de centros de datos y grandes redes.
El modelo de integración vertical replica la lógica industrial que Posco desplegó en la siderurgia, pero adaptada al litio. La planta de carbonato se construye sobre la infraestructura de extracción, campamento y logística ya montada, lo que permite alcanzar una intensidad de capital de 9043 dólares por tonelada de capacidad anual instalada, un valor bajo explicado por la economía de ampliación.

Por el lado de los ingresos, la proyección oficial de 300 millones de dólares en exportaciones supone un precio implícito cercano a los 13.043 dólares por tonelada, en línea con los valores de mercado estimados para 2026 por consultoras internacionales como Goldman Sachs.
La aprobación de la planta de Sal de Oro llega después de que Posco adquiriera NRG Metals Argentina, titular del proyecto Hombre Muerto Norte, a la canadiense Lithium South por 65 millones de dólares. Con esta operación, la compañía surcoreana consolidó su presencia en una de las salmueras más ricas del país, donde también desarrollan proyectos Galan Lithium (Australia) y Rio Tinto (Reino Unido). La compra le otorga el control de una cuenca estratégica y fortalece su posición en el llamado «Triángulo del Litio», la región compartida con Chile y Bolivia que concentra la mayor parte de los recursos mundiales de este mineral.
El sector del litio es actualmente uno de los más dinámicos de la economía argentina, junto con el cobre y los hidrocarburos. Según el último informe del Servicio Geológico de los Estados Unidos, la Argentina es el quinto mayor productor mundial de litio, el tercero en reservas y el primero en recursos junto con Bolivia.
De acuerdo a la Secretaría de Minería, hay 69 proyectos de litio en diferentes etapas de avance: solo siete están en producción, incluyendo Sal de Oro y otros proyectos en el Salar del Hombre Muerto.
Desafíos de la nueva etapa del litio argentino
La incorporación de Sal de Oro al RIGI marca un punto de inflexión para la inversión minera en la Argentina. El régimen, puesto en marcha en 2024, busca atraer capitales a sectores clave mediante incentivos fiscales, estabilidad regulatoria y flexibilidad en la gestión de divisas. Para proyectos como el de Posco, esto significa la posibilidad de acceder a mercados internacionales, reducir cargas impositivas y garantizar previsibilidad a lo largo de tres décadas.
El impacto económico se refleja en la ecuación de inversión y generación de divisas. Los 208 millones de dólares de desembolso para la planta de carbonato permitirán exportaciones anuales superiores a 300 millones de dólares una vez que el proyecto entre en régimen, con un precio de venta conservador que evita depender de picos especulativos y asegura sustentabilidad a mediano plazo. La proyección se apoya en un escenario en el que la demanda global de litio seguirá en alza, impulsada por el almacenamiento de energía y la transición hacia economías bajas en carbono.
La empresa surcoreana proyecta una expansión cuantitativa de su presencia en el país, con un plan de inversión total que podría alcanzar los 4000 millones de dólares hacia el final de la década. El grupo ya no compite solo por producir litio argentino, sino por capturar el margen de toda la cadena, desde la salmuera hasta el cátodo terminado.
La estrategia incluye la sustitución de hidróxido por carbonato en algunos procesos de fabricación, lo que permite optimizar costos y adaptarse a la evolución tecnológica de las baterías y los sistemas de almacenamiento.
Este avance en el Salar del Hombre Muerto se inscribe en un proceso de consolidación regional, en el que las grandes compañías buscan asegurar el control de los recursos e integrar todas las etapas de la producción para capturar mayor valor agregado. La competencia no solo se da entre empresas, sino también entre provincias y países, que ajustan sus marcos regulatorios para atraer inversiones y maximizar los beneficios económicos, fiscales y sociales.
La decisión de incluir a Sal de Oro en el RIGI es, además, una señal para otros proyectos mineros y energéticos. En la misma sesión, el Comité Evaluador aprobó el gasoducto San Matías, un emprendimiento de 1300 millones de dólares para la exportación de gas natural licuado, lo que confirma el giro estratégico hacia los dos motores de divisas: energía y minerales críticos.
En el horizonte, la Argentina busca escalar posiciones como productor mundial de litio. El potencial de los proyectos en construcción avanzada, sumado a la integración de cadenas y la consolidación en cuencas ricas como el Hombre Muerto, refuerza la apuesta por el sector como pilar de la economía exportadora. La presencia de empresas como Posco, Rio Tinto y Galan Lithium en la región confirma el atractivo de los recursos locales y la capacidad de competir en el mercado global.
La nueva planta de carbonato de litio de Sal de Oro y su incorporación al RIGI sintetizan la convergencia entre innovación tecnológica, integración vertical y apertura internacional. La clave del éxito será mantener el equilibrio entre la captura de valor, la protección ambiental y el desarrollo regional, en un mercado que evoluciona a la velocidad de la transición energética global.